Educación para neonazis en potencia

¿Es la prohibición una medida eficaz? Aunque en muchas ocasiones sea la primera opción que vemos clara hay que pararse a analizar qué se consigue prohibiendo. Sería deseable que ciertos discursos basados en argumentos racistas y xenófobos no existiesen. De este modo, ante la proliferación de ciertos grupos de inspiración neonazi surge la propuesta de prohibirlos para evitar la circulación de unas ideas que consideramos peligrosas para la convivencia. Se suele estar de acuerdo en que sería deseable que este tipo de grupos no tuviese cabida en la sociedad, pero no está muy claro cómo evitar su proliferación.

Lo cierto es que la varita mágica de la prohibición solo conseguiría la radicalización y la proliferación de estos grupos en la clandestinidad. Se señala a los grupos neonazis como lo prohibido, lo malo. Así, quienes se sientan atraídos por lo prohibido y quieran ser “malos” ante los ojos de la sociedad se harán neonazis.

Por este motivo a veces es más productivo pensar en otras alternativas que no conlleven grandes debates como el de la libertad de expresión. La educación en valores es la mejor alternativa a la prohibición. Es evidente que este tipo de ideas surgen en contextos concretos. La desinformación sumada a la frustración suelen ser dos de los ingredientes con los que se cocina el odio al diferente.

En un contexto de crisis económica podemos identificar a los neonazis en potencia. Se trata de personas que sufren las consecuencias de la situación de recesión y que culpan de sus problemas a los inmigrantes. Esta desconfianza hacia el extranjero va en aumento hasta que se convierte en odio. Y del fomento del odio son responsables partidos políticos que se dicen moderados como CiU o el PP, o el señor que vota al PSOE y se queja porque en la clase de su hija hay un ecuatoriano. Aquí echa raíces el odio. A partir de aquí, la gente con menos recursos para moderarse se hace seguidora de discursos populistas diseñados a su medida y encabezados por algún anglada.

El autocontrol de los grandes partidos a la hora de sembrar odio es vital. Pero también lo es la educación. En un contexto económico como el actual es imprescindible expandir la doctrina de la tolerancia por aquellos sectores en los que el odio puede hacer mella con más facilidad. Sin olvidarnos de que las primeras chispas salen de las bocas de respetados y moderados personajes de la vida pública. Quienes expían culpas señalando a los angladas no contribuyen a la convivencia.

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