Salirse del camino marcado para construir la paz en Euskadi

La idea adoptada por los sucesivos gobiernos españoles de la “tolerancia cero” con ETA no puede utilizarse para la construcción de la paz. La solución de los conflictos suele implicar que ambas partes cedan un mínimo en sus posturas iniciales. Por eso ya no vale negarse a hablar con ETA. Tampoco vale acusar de etarra a quien no utiliza el lenguaje oficial para referirse al conflicto. Así se quejaba de la situación el presidente de la organización pacifista Lokarri, Paul Ríos: “salirse del camino marcado por el pensamiento único no conlleva la crítica política, sino la descalificación y poner en duda si realmente se está en contra de ETA”.

El escenario ahora ha cambiado, tras el anuncio de ETA de cese de la actividad armada es necesario replantearse qué hacer con los presos del grupo terrorista que, según anunció, no volverá a utilizar la violencia. Y para saber qué hacer hay que salirse de ese camino marcado oficialmente y buscar vías para la paz.

La credibilidad de ETA ha salido malparada de acontecimientos como la ruptura del alto el fuego permanente con el atentado de la T4 en el 2006. Por este motivo hablar de amnistía es precipitado e injusto. Aún así, cuestiones como el acercamiento de presos y la creación de una comisión de revisión de penas constituyen pilares básicos para la resolución del conflicto. La supresión de la doctrina Parot y la puesta en libertad de personas cuyos delitos sean de pertenencia a banda armada o de apología del terrorismo son medidas que hay que adoptar ante el nuevo panorama en Euskadi.

Es importante entender el contexto en el que se encuentran las personas que conforman la sociedad vasca. Después del anuncio del fin de la violencia es justo iniciar un proceso integrador en el que todas las víctimas sean reconocidas. El papel de los ex compomponentes de ETA es fundamental. Se hace imprescindible su reinserción en la sociedad para consolidar la vía política. El estado, por su parte, debe reconocer sus abusos en la persecución a ETA (los paramilitares de los GAL) al igual que los ex terroristas deben reconocer los suyos. La empatía es fundamental. Para llegar a este punto es necesario crear un clima de convivencia en el que todos nos sintamos vencedores,  por eso hay que revisar muchas de las condenas de los presos etarras.

Por el momento no sería aceptable hablar de amnistía para aquellos presos con delitos de sangre. El concepto “asesinato político” puede incrementar el dolor de la víctima y no debe utilizarse como argumento. Además es importante no entrar en cuestiones que generen tensión, y esta la genera. Cuando se habla de asesinato sobran adjetivos. Solicitar la amnistía para quien haya matado supondría revisar toda la política penitenciaria del estado, sin limitarse a los asesinos de ETA.

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